
Debido al viejo mito de que la mujer debe tener si o si un orgasmo luego de la penetración, hace que la mujer se sienta casi en la obligación de hacerlo, también porque juega un gran papel su buena actuación en cuanto a competencia sexual.
El gran problema es que las mujeres que lo fingen es que sienten que no estarían complaciendo al hombre, esto es un pensamiento puro y exclusivo del ideario machista. O sea mujer que no tiene orgasmos es fría.
Existe entonces el miedo por parte de estas mujeres que creen que actuando en ese momento pueden tapar su gran problema para admitir que no llegaron al climas, lo mejor sería primero reconocer que tenemos un problema y hablarlo con la pareja así poder llegar a un acuerdo y poder disfrutar también del sexo.
Que el placer no sea puro y exclusivo del hombre, ya esos malos mitos no existen, si somos más liberales y conversamos con nuestras parejas pidiendo lo que queremos para que sea justo para los dos.
Siempre es bueno plantearnos como mujeres que queremos para nuestra vida sexual, todo por placer nada por obligación.

Para la inmensa mayoría de las parejas la infidelidad supone el fin de la relación. Se necesita más que amor para perdonar el trago amargo de ser engañado. La infidelidad es como una batalla sangrienta deja profundas huellas. Del lado de la víctima el primer efecto que provoca es el amor propio herido, la humillación
A veces y sobre todo si el verdugo es la mujer ” la que pone los cuernos” el hombre muy pocas veces está dispuesto a perdonar. Si ocurre al revés es más factible que la mujer pueda dar una segunda oportunidad, No porque seamos más nobles sino porque culturalmente desde temprana edad las mujeres aprendemos o tratan de inculcarnos que ellos padecen esta suerte de enfermedad que el macho es polígamo por naturaleza.
No obstante debe una pareja poner mucho de ambos lados para salvar esta primera valla. ¿Como restaurar el vínculo? ¿Cómo recuperar la confianza? La respuesta a estas preguntas requiere que la pareja esté dispuesta a amar el doble y tenga la paciencia para reconstruir ladrillo a ladrillo lo que está derrumbado. Se tiene que volver a confiar en el otro en nosotros mismos y sobre todo en el amor.